
Como parte de la visita in loco a México, una delegación de la CIDH visitó la Escuela Rural Normal de Ayotzinapa, en Iguala, Estado de Guerrero. Foto: CIDH (Flickr). Algunos derechos reservados.
Ser padres en América Latina significa preocuparse constantemente por la seguridad de los hijos. Es una reacción automática. Por ejemplo, las primeras palabras que mi padre pronunció al abrazar a mi madre después de que un ladrón entrase en nuestra casa en Brasil, con ella adentro, fueron: "¿Y si los niños hubieran estado en casa?"
Yo era sólo una niña – tenía 9 o 10 años y mi hermano dos años menos que yo. Este miedo hace que aumentar a medida que los niños crecen y comienzan a aventurarse en el mundo por su cuenta. Así que, cuando 43 adolescentes y jóvenes mexicanos desaparecieron, durante un viaje al DF para participar en las manifestaciones conmemorativas de la masacre de Tlatelolco de 1968, todos los padres latinoamericanos, en algún momento, debieron pensar: "Podría haber sido mi hijo". Sé que mi madre así lo hizo.