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La amenaza de la masculinidad tóxica

Hay un movimiento creciente que tiene en el punto de mira el comportamiento solidario en todas sus formas. English

Donna Thomson
23 September 2019
La Marcha por Nuestras Vidas en Portland, Oregon, el 24 de marzo de 2018
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Sarah Mirk via Wikimedia Commons. CC BY-SA 4.0.

Todos conocemos a uno - un hombre (de no importa qué edad) que se niega a recoger los platos sucios o a darle el biberón a un bebé. Uno de esos que podría tirar la colilla del cigarrillo por la ventanilla del coche a pesar de las advertencias de peligro de incendio forestal porque defiende los valores de la masculinidad tóxica. Y no son pocos.

La masculinidad tóxica es un movimiento creciente que tiene a un enemigo en el punto de mira: el comportamiento solidario. El cuidado en todas sus formas - de la familia, de otras personas y del medio ambiente - es anatema para los que libran la batalla por salvar a los "hombres de verdad" de caer debilitados o de ser borrados del mapa por el amor y la empatía.

Tuvimos la oportunidad de catar una temprana muestra de esta masculinidad anti-cuidado que se nos venía encimaen 2018, cuando el presentador de televisión norteamericano Piers Morgan se metió con el actor Daniel Craig (James Bond), entonces padre primerizo, por ir de compras llevando en brazos a su hija de corta edad. Morgan tuiteó: "¡Oh, no, 007! ¿Tú también?", y agregó un par de hashtags, #papitis y #hancastradoaBond, para recalcar su disgusto.

Afortunadamente, solo un puñado de tuiteros elogiaron a Morgan. En cambio, se contaron a miles los hombres que respondieron colgando fotos de sí mismos con bebés a cuestas y alabando a Daniel Craig por comportarse como un buen padre.

Hoy, sin embargo, la preocupación ante la amenaza que para la masculinidad representan los comportamientos bondadosos tiende a ampliar su alcance. Un estudio reciente de la Universidad de Penn State que lleva por título Género torcido y conformidad de género: Consecuencias sociales de participar en comportamientos proambientales femeninos y masculinos ha generado una importante cobertura mediática por haber detectado un hecho sorprendente: que los hombres estadounidenses suelen asociar comportamientos proambientales como el reciclaje con "feminidad" u homosexualidad.

Tras un trabajo de campo en el que entrevistaron a 960 personas, los investigadores descubrieron que los hombres no suelen estar dispuestos a realizar actividades como apagar el aire acondicionado o separar los materiales reciclables si tienen la sensación de que podría tratarse de actividades de género. Según la directora de investigación del estudio, Janet K. Swim, existe la tendencia a considerar el ambientalismo como "femenino".

Más aún: según Swim, "si ser percibido como heterosexual es algo que se considera importante, la persona implicada puede priorizar preventivamente comportamientos proambientales ajustados a roles convencionales de género por encima de los que no lo son, tomandoen consideración cómo podrían ser vistos por parte de terceros". En otras palabras, esos hombres prefieren poner en peligro el futuro del planeta a correr el riesgo de ser vistos como ambientalistas 'afeminados' o 'gays'.

Políticamente, esta noción de género que estigmatiza el cuidado del medio ambiente se materializa, por ejemplo, con la venta de pajitas para beber de plástico por parte de la campaña para la reelección de Trump en 2020. "Las pajitas liberales no funcionan", dicen los mensajes de campaña y los anuncios para recaudar fondos en las redes sociales. La inferencia es clara: los hombres de verdad (o las personas fuertes) no se amoldan a los intereses del bien común.

¿Son el cuidado y la "masculinidad" mutuamente excluyentes?

Lamentablemente, aquellos que suscriben la idea de que los hombres están exentos del imperativo de cuidar a otros tienen varios referentes en las altas esferas. En 2005, Donald Trump reveló su verdadero yo al ser entrevistado por Howard Stern, que le preguntó si él se ocupaba de sus hijos. La respuesta de Trump fue ésta: "O sea, no me ocupo para nada de cuidarlos. Suministro fondos y ella cuida de los niños. ¡No voy a ir yo a pasear niños por Central Park!".

Hoy, tras más de tres años de tenerlo en la Casa Blanca, ABC News hizo un repaso de los discursos y declaraciones del presidente y halló que, como mínimo en 36 causas penales, se citaba a Trump en relación directa con actos violentos, amenazas o denuncias de agresión.

En el Reino Unido, a principios de septiembre de 2019, la diputada laborista Jess Phillips le echó en cara al primer ministro Boris Johnson que estuviese "jugando a un juego de chicos bravucones", añadiendo que, por si fuera poco, "no se nos dice cuáles son las reglas del juego". La imagen del líder de la Cámara, Jacob Rees-Mogg, recostado en el banquillo del gobierno durante un reciente debate histórico sobre el Brexit, no deja dudas sobre los valores de respeto y atención de dicho personaje.

Un hilo siniestro atraviesa estas historias indicando la existencia de una serie de tendencias inquietantes. En primer lugar, parece que al menos para algunos hombres, el cuidado de bebés, niños, el hogar y el planeta es dominio exclusivo de las mujeres. En segundo lugar, que se percibe como señal de debilidad o de masculinidad menguante que los "hombres de verdad" se dediquen a tales actividades.

Sin embargo, la necesidad de que los hombres se conviertan en cuidadores es evidente. Hoy, por ejemplo, más de 43 millones de norteamericanos, 8 millones de canadienses y 7 millones de británicos cuidan de algun familiar enfermo o de edad avanzada. La mayoría de estos cuidadores son mujeres, pero hay un número creciente de hombres que está asumiendo responsabilidades de este tipo en el ámbito familiar.

Hoy, en la mayoría de los hogares con niños se precisa ingresar dos salarios y eso difumina los roles de género tradicionales - por lo que las tareas de cuidado en las familias se están convirtiendo en una realidad del día a día para todos los implicados. Sin embargo, para demasiados hombres, sigue siendo un tema tabú. Y los que optan por situar el cuidado en el centro de su quehacer, como los papás que se quedan en casa, corren el riesgo de ser objeto de escarnio por "no tener las agallas" para hacer otra cosa.

La historia no contada es que el cuidado es algo bueno para todos: nos aporta satisfacción y contribuye positivamente a nuestra salud. Y esos beneficios se extienden más allá del ámbito individual. La investigadora y autora de El efecto empatía, Helen Riess, sostiene que la capacidad de relacionarse empáticamente con los demás (compartir sentimientos, preocuparse por el bienestar ajeno y actuar con compasión) es fundamental para la vida en común - nos ayuda a saber convivir y a prosperar como sociedad.

¿Son las barreras que hay que salvar para poder incorporar el valor del cuidado en la sociedad masculina demasiado altas? ¿Son el cuidado y la "masculinidad" mutuamente excluyentes? El psicólogo John A. Minihan lo niega. En un ensayo publicado por la revista The General Psychologist de la Asociación Americana de Psicología, Minihan observa que "El poder puede destruir relaciones; sin embargo, transformado por el cuidado, también puede crearlas, nutrirlas, guiarlas y protegerlas. Y no hay mejor manera de que un hombre aprenda a efectuar esa transformación que convirtiéndose en padre y ejerciendo como tal”.

Así que la pregunta que los hombres deberían hacerse es: "¿Qué tipo de persona quiero ser?". También podrían preguntar: "¿Qué tipo de amigo quiero ser?". Y, por supuesto: "¿Qué tipo de líder quiero ser?"

Los ejemplos conocidos de tipos "duros" que se comportan de manera amable y cariñosa son escasos. El Proyecto Hombres Buenos busca colmar esa brecha celebrando acciones éticas y afectuosas en el hogar, en el lugar de trabajo y en la comunidad como estímulo para activar el impulso natural que tienen los hombres - como pareja, compañero o amigo. Tom Matlack, fundador y ex CEO del Proyecto, explica: "nosotros dejamos que los hombres sean hombres, pero lo hacemos a la vez que ponemos en entredicho las nociones culturales que les limitan, como la de como tiene que ser un "hombre de verdad".

La masculinidad tóxica impide que los hombres participen en actos que refuerzan las conexiones, las interdependencias y las dependencias humanas. Si se limita el cuidado en función del género, va a ser imposible que podamos crear culturas que nos recuerden a todos lo mucho que nos necesitamos unos a otros y que no solo merecemos atención, sino que es nuestra responsabilidad proporcionarla.

La ironía de rechazar el ecologismo es que, ante la perspectiva de unos desastres climáticos cada vez más frecuentes, vamos a tener que cuidarnos unos a otros con más prontitud y atención para poder recuperarnos y sobrevivir. En los tiempos que se avecinan, nadie puede considerarse exento de la responsabilidad de cuidar a otros.

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