
Muchas de las medidas contra los derechos humanos —las campañas de desprestigio, por ejemplo— no son algo nuevo, los ataques ahora provienen de gobiernos electos, a diferencia de las dictaduras del pasado.
La proliferación de gobiernos y movimientos populistas crea serios riesgos y desafíos para los derechos humanos en todo el mundo, desde la India, Venezuela y los Estados Unidos hasta Turquía, Hungría, Rusia y Filipinas. Sin embargo, el auge de estos gobiernos podría tener un efecto positivo inesperado: presionar al movimiento de derechos humanos para que haga cambios en su arquitectura y estrategia que antes eran indispensables y ahora son urgentes.
Ante el declive del orden global angloestadounidense —que se refleja en el Brexit, la elección de Trump, la proliferación de nacionalismos iliberales en todo el mundo y la creciente influencia de Rusia y China—, las respuestas que ofrecieron muchos analistas y profesionales en el movimiento de derechos humanos tendían a agruparse en dos extremos: escepticismo y actitud defensiva. Los escépticos anunciaron los “últimos días” del proyecto internacional de los derechos humanos, con base en una visión según la cual los derechos humanos fueron impuestos por Europa y Estados Unidos.