La victoria del Sí al Yasuní en la consulta del pasado 20 de agosto contrasta vivamente con el resultado de las elecciones presidenciales celebradas el mismo día, que dieron el pase a la segunda vuelta, a celebrar el 15 de octubre, a dos opciones que han favorecido históricamente al extractivismo, concretamente a la minería metálica y a la industria de los hidrocarburos.
Luisa González, una candidata escogida por Rafael Correa, el expresidente ecuatoriano condenado por corrupción y autoexiliado en Bruselas, ganó con un porcentaje del 34%, seguida por Daniel Noboa, representante de las élites económicas del país, con el 23%, y que resultó la sorpresa de la noche electoral.
El apoyo a Noboa no alcanzaba los dos dígitos en las encuestas, pero ganó popularidad tras una elocuente actuación en el último debate electoral previo a los comicios. Ambas opciones representan, con pocos matices entre ellas, opciones desarrollistas de explotación de los recursos naturales del país, algo que han demostrado sobradamente durante los periodos de sus respectivas opciones ideológicas al frente del Ecuador.