En Estados Unidos, la libertad nunca fue gratis. Para los afroestadounidenses, en particular, el precio de la libertad fue inmenso y se pagó durante generaciones con decisiones difíciles y concesiones forzadas que conllevaron la pérdida de la historia, la unidad familiar, la estabilidad financiera y la privacidad.
Los costos que implicaba escapar de la esclavitud tradicional – en la que los afrodescendientes eran considerados bienes muebles – todavía existen, ya que son muchos quienes luchan por escapar de su legado en nuestro sistema carcelario, revelando un esquema persistente de precarización comunitaria y extracción económica basadas en la raza.
En este contexto, los esfuerzos para establecer una renta básica universal en Estados Unidos no deben considerarse como caridad ni como innovación política, sino como reparaciones y compensaciones necesarias.