La crisis climática global no para de escalar. Los meses de Junio y Julio han sido los más calurosos en el hemisferios norte desde que hay registros. Este verano, ante una hola de calor sin precedentes, el hielo de Groenlandia se está derritiendo a un ritmo jamás visto. Las sequías y los incendios descomunales están arrasando partes sustanciales de superficies boscosas en todo el mundo, y el papel de la selva tropical como captora de dióxido de carbono está amenazado por los avances imparables de la deforestación.
Como espacio de contención del cambio climático, la cuenca amazónica, que alberga el 40% de la selva tropical global, juega un papel tan complejo como central. Funciona con un efecto refrigerador de la atmósfera a través de la evaporación de la humedad, y produce su propia lluvia en la estación seca, mientras captura carbono de manera masiva y actúa como el pulmón de la Tierra.

Pero la vulnerabilidad del Amazonas se ha vuelto patente en los últimos tiempos, y los incendios han proliferado a un ritmo sin precedentes. Como escribió Leonardo DiCaprio a sus 34 millones de seguidores de Instagram en un post reciente: “los pulmones de la Tierra están en llamas”. Los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil muestran que, de Enero a Julio de este año, han ardido 18.600 km2 de selva amazónica brasileña, con un incremento del 62 % con respecto al año anterior. Aquí estamos frente a un ecocidio en toda regla.