El patrón está claro: con la aparición de una nueva crisis global sanitaria, se pone a las mujeres en el centro de atención. En algunos casos se responsabiliza a las mujeres de la prevención de las transmisiones, en otros casos se espera que las mujeres resuelvan las crisis ante los sistemas sanitarios fallidos, y si la crisis tiene algo que ver con niños, embarazo o sexo, se responsabiliza a la mujer de su gestión.

Imagen de Zika. Organización Internacional de la Salud
Existen paralelismos entre los tres grandes virus (Ébola, VIH y Zika) en relación a la respuesta del sistema global sanitario y a los persistentes y muchas veces tóxicos estereotipos de género. En cada caso, las mujeres han sido deshumanizadas y cosificadas como “recipientes y portadoras” de la enfermedad cuyas voluntades tienen que ser restringidas. En el mejor de los casos, se ve a las mujeres como responsables de contener y prevenir la transmisión de las enfermedades y de cuidar a los miembros enfermos de sus familias y comunidades. No obstante, tal como nos han mostrado más de 30 años de experiencia con el VIH, este tipo de respuestas fracasan repetidamente tanto en el enfoque como en la comprensión del problema.