Los cambios en el panorama de financiación son rápidos y furiosos, especialmente para las organizaciones que promueven la igualdad, los derechos humanos y la justicia climática. Cada vez presenciamos más esfuerzos de los gobiernos y las grandes corporaciones para acallar el disenso o poner freno a la financiación extranjera.
No es de extrañar, por lo tanto, que los líderes de las OSC a nivel mundial tiendan a compartir las mismas dos preocupaciones: la reducción del espacio cívico y la obtención de recursos financieros. Aunque actualmente se habla sobre los gastos generales y “la filantropía para pagar lo que se requiera“ (por ejemplo, permitir que las organizaciones no lucrativas usen lo que realmente necesitan para sus costos administrativos, en lugar de simplemente asignar un 10 o 15 % arbitrario), solo un pequeño grupo de donantes realmente está cambiando sus prácticas. La mayoría todavía cree que las inversiones en el aprendizaje y la innovación, las tecnologías de vanguardia, los buenos salarios y un espacio de trabajo saludable son lujos de los que pueden prescindir las OSC. Pero cuando las subvenciones vienen con expectativas poco realistas sobre los gastos generales, como es el caso de la mayoría de las subvenciones tradicionales, las organizaciones simplemente mueren de hambre.
Este es el momento de repensar la financiación de los cruciales esfuerzos para poner fin a la desigualdad y garantizar los derechos y la justicia climática. Este es el momento de repensar la financiación de los cruciales esfuerzos para poner fin a la desigualdad y garantizar los derechos y la justicia climática. De hecho, si bien este cambio puede estar motivado por la necesidad, también representa una verdadera oportunidad para tener más influencia e impacto. La gran mayoría de las OSC que promueven los derechos y la justicia a nivel mundial todavía tienen el apoyo de las subvenciones tradicionales, y mayormente extranjeras, en las que un donante proporciona dinero para un programa o proyecto. Estás subvenciones, de hecho, pueden aprovechar la innovación a través de inversiones en modelos resilientes desde un punto de vista financiero que apoyen el trabajo más allá de las subvenciones.