Cuando los grandes países de Europa, que sufrieron el impacto trágico de la pandemia de la Covid-19 llegada de China, se encuentran ya en fases de control de la expansión del virus y abandonan progresivamente las medidas de encierro y cuarentena, el mundo post-Covid-19 empieza a dibujarse con alguna claridad en el horizonte.
Mientras tanto, América del Sur es un nuevo epicentro de la pandemia, según declaró la OMS el pasado 22 de Mayo. En Brasil la expansión del virus parece descontrolada, con más de medio millón de infecciones confirmadas y cifras de muertos diarios que alcanzan dígitos no vistos ni en los peores momentos de la crisis en Italia o España (el miércoles 3 de junio se reportaron 1.349 nuevas muertes por Covid-19 para el día anterior).
Al mismo tiempo, en muchos de los estados de los EE UU, país que cuenta con más de 100.000 muertos, aún no se ha alcanzado el pico de contagios, aunque la presión por reabrir la economía parece dejar atrás las precauciones iniciales. Las multitudinarias protestas a raíz del asesinato de George Lloyd por todo el país, incrementan el riesgo de brotes por todas partes.