El mundo de Keiry Molina dio un vuelco el pasado mes de mayo cuando un agente de policía llegó a su casa en San Salvador, la capital de El Salvador.
La mujer trans de 46 años fue detenida y trasladada a una comisaría, donde descubrió que cuatro informantes anónimos la habían acusado de extorsión y de estar implicada con las infames pandillas del país.
Molina es peluquera, muy conocida en su comunidad como defensora de los animales pues dedicaba su tiempo libre a rescatar perros callejeros. Su familia vive en un barrio pobre de Soyapango, en las afueras de la capital, no tiene vínculos con ninguna banda y se sorprendió por las acusaciones de extorsión, según Sofía, su sobrina.