Las réplicas del terremoto político que dejó Odebrecht en América Latina continúan. Con la muerte del expresidente de Perú Alan García, que antes de ser detenido decidió dispararse en la cabeza, las consecuencias del dinero ilegal que repartió esta constructora no se detienen. Se trata de uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia latinoamericana, y estamos aún lejos de conocer todo su alcance.
Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Venezuela y Perú son los países en que operaba esta enorme red de sobornos que, desde que un juez brasileño la destapó en el 2014, ha dinamitado muchas tramas políticas corruptas en los gobiernos de la región.
Que una empresa constructora brasilera haya pagado sobornos por hasta $788 millones de dólares para conseguir favores políticos y la concesión de más de 100 contratos de construcción, la mayoría en infraestructuras de obra pública, es un crimen que corroe la legitimidad de nuestras democracias.