
Acto de la campaña electoral en Rio de Janeiro, Brasil. 26 septiembre 2016. AP Photo/Leo Correa. Todos los derechos reservados.
No son pocas las interpretaciones sobre qué es lo que mueve a un partido político como organización. Muchas de ellas tratan de demonstrar la dependencia de estas instituciones en relación a dos recursos esenciales: los cargos que controlan en las maquinarias públicas y los presupuestos públicos que controlan.
El primer asunto está conectado, principalmente, a la posibilidad de colocar a sus afiliados, que muchas veces mezclarán sus funciones como funcionarios públicos y como agentes electorales. Aquí es importante fijarnos, sobre todo, en los cargos de libre elección, o los comisionados – con independencia de la relevancia de tantos otros puestos en la administración. En ese caso, existen puestos para todo tipo de funciones: de las más básicas a las más complejas, de la persona que efectivamente va a trabajar a aquél que será conocido como funcionario fantasma y sobrevolará otros espacios; de los salarios más suntuosos a los menos espectaculares. Además, que quede claro: esas posiciones no serán ocupadas exclusivamente por el partido que ganó las elecciones – sin olvidar que la palabra “partido”, en algunas ciudades, ni siquiera tiene sentido.