
El Seagram Building, 375 Park Ave., Nueva York, de Ludwig Mies van der Rohe, que sirve de metáfora para el modelo de la participación política. Foto: Jules Antonio (Flickr). Algunos derechos reservados.
¿Podemos seguir organizando los procesos de toma de decisiones como si estuviéramos en la época de la Ilustración o en un escenario en que la información solo fluye de arriba a abajo? Desde el mundo del diseño y de la creación llevan tiempo cuestionándose estos temas, buscando ir más allá del paradigma del usuario que ha ido marcando los procesos de innovación en los últimos decenios. Lo que les preocupa es como situar a las personas en el centro de las nuevas experiencias.
Como bien sabemos, la perspectiva racional-ilustrada, partía de la hipótesis de que era el experto, el profesional formado específicamente en un campo determinado, el que mejor podía decidir que convenía hacer en relación a cualquier campo de actividad e interacción humana. El famoso edificio Seagram, que diseñó Mies Van de Rohe en Park Avenue de Nueva York, está considerado una de las obras maestras de la arquitectura racionalista. El arquitecto pensó el edificio desde lo que él entendía como la mejor combinación posible de racionalidad arquitectónica y de capacidad de satisfacer las necesidades genéricas de los que serían sus habitantes. Todo estaba pensado al milímetro. No dejó lugar para que alguien que quisiera poner flores en la ventana pudiera hacerlo. Las ventanas se abren o bien del todo o bien a la mitad, y no es posible dejarlas en ninguna otra posición. Y evidentemente no se pensó en que a alguien se le pudiera ocurrir colgar cortinas, ya que su presencia en las ventanas podía romper la belleza icónica e integral del edificio.