
Un soldado de la fuerza de paz de la ONU patrulla en Puerto Príncipe, Haití, noviembre de 2010. Emilio Morenatti /AP Image (All rights reserved)
La Misión de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) proporciona estabilidad a este país tras el terremoto. Pero a finales de 2010, la MINUSTAH proporcionó otra cosa. Nuevos contingentes de paz de Nepal llegaron a Haití para reemplazar sus fuerzas, pero algunos de sus miembros estaban infectados con la bacteria Vibrio cholerae. La base del contingente, al lado del río Artibonite, contaba con un saneamiento deficiente, que permitía que las heces infectadas de bacterias Vibrio cholerae se filtrasen al río. Haití no había registrado hasta entonces ningún historial de cólera previo, pero el agua salobre del río resultó ser un lugar ideal para que las bacterias prosperasen. La pobreza extrema, los millones de desplazados que viven en condiciones de hacinamiento, la mala calidad del agua y de la infraestructura de saneamiento, y una población sin inmunidad natural aseguraron que el cólera se extendiese rápidamente en el ambiente del post-terremoto.
De las aproximadamente 750.000 personas infectadas, 10.000 murieron. Numerosos expertos consideran que estas cifras subestiman la verdadera magnitud de la epidemia. El cólera es ahora endémico en Haití, y continuará infectando y matando a la gente en los próximos años.