El desfile de algunos presidentes latinoamericanos defendiendo la democracia, denunciando los crímenes en Gaza o las amenazas de Donald Trump puede hacer creer que América Latina resiste el ascenso del autoritarismo con matices fascistas que se ve por todas partes. Pero esta caracterización es engañosa.
En efecto, América Latina aún tiene gobiernos que, además de ganar elecciones, respetan el estado de derecho y la división de poderes, y entre ellos varios de centroizquierda o progresistas, como Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay.
Pero las fuerzas de ultraderecha y los impulsos autoritarios no han hecho sino crecer en los últimos años.