Hace casi un año, la Organización de las Naciones Unidas definió los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un ambicioso plan para que los gobiernos y los financieros utilizaran sus recursos y su poder político para acabar con la pobreza, el hambre y las enfermedades.
Pero el éxito (o fracaso) de este esfuerzo no dependerá solamente de los grandes actores habituales. Las personas y las organizaciones civiles que ayudarán a diseñar, llevar a cabo y supervisar los proyectos de desarrollo de los que depende todo el sistema son mucho más importantes que los gobiernos y los donantes internacionales. Sin sociedades civiles dinámicas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible no llegarán a ninguna parte.
Los individuos y las comunidades destinadas a beneficiarse del desarrollo son los que mejor saben cuáles son sus necesidades y cómo se pueden satisfacer. Y los activistas y los grupos de la sociedad civil son los que pueden asegurarse de que los recursos para el desarrollo lleguen a su destino previsto y alcancen sus objetivos. Será la cooperativa de mujeres en Senegal la que demuestre cómo diseñar un sistema de riego eficaz. Será el grupo comunitario en Bangladesh el que garantice que realmente se construyan las escuelas prometidas en el presupuesto público para la educación.