En contra de la inmensa mayoría de las encuestas publicadas, el resultado de las elecciones legislativas en España no fue una victoria aplastante de la derecha, que esperaba a gobernar en coalición con la ultraderecha si fuera necesario. Pero ésta ha resultado ser una victoria pírrica para los conservadores.
El gobierno saliente de Pedro Sánchez ha conseguido capitalizar una obra de gobierno que, si bien es sólida en muchos aspectos, ha sido muy polémica en otros y ha sido castigada sin piedad por la derecha y sus medios de comunicación afines, que son hegemónicos en España. La derecha calculó que con el resultado de las elecciones locales y regionales del pasado mes de Mayo, en que vencieron por 1,5 puntos pero consiguieron más poder territorial que nunca, el tsunami conservador era imparable.
El primer ministro Pedro Sánchez, famoso por su capacidad de no rendirse, y por haber publicado un libro con el título “manual, de resistencia” al que ahora añade un nuevo capítulo, atribuyó la derrota a la desmovilización del electorado progresista y decidió evitar el desgaste que supondría gobernar con la sombra de la derrota hasta final de año, cuando se cumplía el plazo para las nuevas elecciones. En un movimiento audaz y no ausente de vértigo, Sánchez convocó elecciones anticipadas el día después de conocerse el resultado desfavorable de las municipales y regionales.