
Una patrulla fronteriza vista a través de un agujero en la valla en Tecate, California. Gregory Bull AP/Press Association Images. Todos los derechos reservados.
Los Estados Unidos han escogido un presidente cuyo argumento fundamental se expresa en su “America First” (América, en primer lugar). La estrategia global que está detrás de Donald Trump no es una apelación a un aislacionismo reconfigurado, sino más bien una llamada a ejercer de manera agresiva la supremacía. Nada de lo que dijo en sus discursos de campaña significa un repliegue de la política mundial, ni tampoco una política exterior de perfil bajo. Trump prometió lo siguiente: muchísimos más fondos para la defensa; énfasis marcado en temas de seguridad y terrorismo; abandono de la promoción de los derechos humanos; mensajes de apoyo a los hombres fuertes y a los partidos reaccionarios en el extranjero; una diplomacia económica enfocada a sanciones y a represalias; unilateralismo como pauta de comportamiento en asuntos globales; desdén elocuente frente a los foros multilaterales, y falta de interés en la legalidad internacional.
De entrada, su mandato ya ha generado más como medio para ontera entre los dos pa globales; o guhombres fuertes de una ansiedad: representa una fuente de seria preocupación para muchos en América Latina. Varios puntos corroboran esta afirmación.