El 28 de marzo pasado, la Corte Suprema de Justicia de Honduras dejó en firme la extradición a Estados Unidos del expresidente Juan Orlando Hernández, acusado por cargos de narcotráfico. Hernández se encuentra detenido de forma preventiva en una unidad especial de la Policía hondureña desde el pasado 15 de febrero, tan sólo dos semanas después del fin de su mandato.
El expresidente se ha declarado inocente y afirma ser “víctima de una venganza y una conspiración” de los carteles que persiguió durante su mandato y de sus enemigos políticos, entre ellos Xiomara Castro, actual presidenta del país y esposa del derrocado presidente Manuel Zelaya.
Estos hechos marcan un nuevo capítulo en la convulsionada historia política del país centroamericano y en la relación de Estados Unidos con los países del Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador).