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¿El fin del sueño portugués?

El ascenso de la extrema derecha, hasta ahora ausente, en las últimas elecciones en Portugal envía una señal de alarma a todos los demócratas.

¿El fin del sueño portugués?
Un hombre con máscara protectora vota durante las elecciones presidenciales en Portugal, el 24 de Enero 2021 | Pedro Fiuza/NurPhoto/PA Images
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Para cierta prensa extranjera los resultados de las últimas elecciones presidenciales celebradas en Portugal significaron el "fin del sueño portugués". El sueño consistía en el hecho de que Portugal era el único país de Europa donde la extrema derecha apenas tenía fuerza significativa. La verdad es que, a lo largo de los últimos cien años, la extrema derecha estuvo casi cincuenta años en el poder. En el período restante, desde la Revolución del 25 de abril de 1974 hasta la actualidad, siguió existiendo como una pequeña minoría resentida y nostálgica, circulando entre la ilegalidad, la legalidad y, sobre todo, la alegalidad, con manifestaciones a veces violentas y otras sórdidamente insultantes, pero sin resignarse nunca a la orfandad del padre que les devolviese el oro que imaginan haber tenido alguna vez. Si algún sueño ha terminado, ha sido el de la clandestinidad y contención de la extrema derecha. Para que el sueño no derive en pesadilla, es necesario analizar lo que pasó en las elecciones.

Dadas las circunstancias, las elecciones presidenciales fueron un prodigio organizativo y demostraron un espíritu cívico que pudo haber asombrado incluso a los más avezados. Aunque fue elevada, la abstención fue mucho menor de lo esperado. Los dos principales ganadores fueron Marcelo Rebelo de Sousa, actual presidente de la República, y António Costa, secretario general del Partido Socialista (PS).

El primero, por la forma en que estuvo presente; el segundo, por la forma en que estuvo ausente. En tiempos de pandemia, esta victoria contundente es un buen augurio para la estabilidad política a la que aspiran los portugueses en este tormentoso periodo de inseguridad existencial. Les siguieron dos semivencedores, Ana Gomes (AG) y André Ventura (AV). AG demostró que la dignidad política es posible, incluso en las condiciones más adversas.