Todos conocemos el famoso aforismo del filósofo de la Antigua Grecia Heráclito: "Ningún hombre se baña dos veces el mismo río, porque ni es el mismo río, ni él el mismo hombre". Y, sin embargo, la metáfora favorita de Heráclito no parece apta para el discurso público de la extrema derecha, como ha demostrado una vez más el reciente revuelo en torno a las victorias electorales de Javier Milei en Argentina y Geert Wilders en los Países Bajos.
Esta exageración es bastante problemática y potencialmente peligrosa, como han señalado algunos observadores inmediatamente después de las elecciones. Los buenos resultados electorales de Milei y Wilders se produjeron tras un largo proceso de integración y normalización de las políticas de extrema derecha, un proceso que incluye el apoyo y la legitimación de opiniones reaccionarias por parte de los principales medios de comunicación, a menudo mediante el uso del término más inocuo "populista".
El politólogo Aurelien Mondon afirma en un artículo reciente que no se trata de una línea editorial casual, ya que "confiere a estos partidos y políticos un barniz de apoyo democrático a través del vínculo etimológico con el pueblo y borra su naturaleza profundamente elitista". Lo que hace falta es un ajuste de cuentas por parte de los "actores de élite con acceso privilegiado a la configuración del discurso político", nos dice Mondon, porque quedarse de brazos cruzados ya no es una opción: "La autorreflexión y la autocrítica deben ocupar un lugar central en nuestra ética".