Crear apoyo público para la reforma de derechos humanos es esencial. Sin una base de apoyo público amplia y profunda, los legisladores no aprobarán las leyes necesarias, los supervisores no harán cumplir las nuevas normas y los ciudadanos no exigirán rendición de cuentas y cambios reales.
Durante mucho tiempo ya, hemos sabido que las organizaciones no gubernamentales de derechos desempeñan un papel clave en estos esfuerzos de reforma. Ejercen presión sobre los legisladores y el gobierno, denuncian los abusos y movilizan la atención pública, y estos esfuerzos a veces resultan exitosos. Con demasiada frecuencia, sin embargo, las agrupaciones de derechos humanos realizan estas labores sin reunir mucha evidencia sistemática. En consecuencia, no tienen una idea precisa de quiénes son sus partidarios más firmes, y qué subconjuntos de la población necesitan más atención y persuasión.
Las agrupaciones de derechos humanos pueden hacer mejor las cosas al trabajar con más inteligencia. Las agrupaciones de derechos humanos pueden hacer mejor las cosas al trabajar con más inteligencia, en lugar de simplemente con más empeño. Esto, a su vez, debería compensar a los cientos de donantes de derechos humanos que canalizan miles de millones de dólares para esfuerzos mundiales de promoción de derechos humanos cada año.