
Donald Trump pasa revista a los soldados americanos durante una visita al Comando Central estadounidense en la base de la Fuerza Aérea MacDill en Tampa, Florida. Sgt. Alan Belser / Zuma Press / PA Imágenes. Todos los derechos reservados.
El primer trimestre del mandato del Presidente Donald Trump ha venido a demostrar que el lema "América Primero" era, en realidad, "Guerreros Primero". Desde enero de 2017, se ha incrementado el énfasis que los Estados Unidos han puesto en mostrar músculo militar, censurar países y posicionarse belicosamente –un énfasis que ya era evidente desde el final de la Guerra Fría, y más aún después del 11 de septiembre. Trump no es un aislacionista, sino un Presidente dispuesto a desplegar su propia versión de la supremacía americana, en tiempos de erosión de la hegemonía mundial estadounidense. Si la supremacía puede resumirse como una estrategia global en virtud de la cual Washington no tolera, y debe evitar, el ascenso de cualquiera que aspire seriamente a desafiar la preponderancia estadounidense, entonces George W. Bush la practicó con vehemencia, Barack Obama trató en cierta medida de calibrarla, y Trump optó por una versión arrogante y agresiva de la misma. Existen varios indicios que apuntan en esa dirección.
Trump no es un aislacionista, sino un Presidente dispuesto a desplegar su propia versión de la supremacía americana, en tiempos de erosión de la hegemonía mundial estadounidense.