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Hacer que los derechos humanos sean más verdes

La protección de los derechos humanos y un medio ambiente saludable se refuerzan mutuamente: un hecho que cada vez recibe más reconocimiento jurídico a nivel internacional. English, Français, العربية

por John Knox
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¿Qué dicen las normas de derechos humanos sobre el medio ambiente? A primera vista, puede parecer que la respuesta es: no mucho. Ni la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada en 1948, ni los dos pactos internacionales, ambos adoptados en 1966, incluyen el derecho a un medio ambiente saludable. El derecho ambiental internacional se ha desarrollado, en su mayor parte, siguiendo un camino muy distinto al de las normas de derechos humanos.

Pero el no haber incluido el derecho a un medio ambiente saludable en los instrumentos seminales de derechos humanos se debe a cuestiones de tiempo, no de fondo. El movimiento ambiental moderno comenzó a finales de la década de los 1960, apenas demasiado tarde como para verse reflejado en los tratados fundacionales de derechos humanos. A pesar de ello, es evidente que los derechos humanos y la protección ambiental dependen uno del otro. Nuestra capacidad de disfrutar de los derechos a la vida y a la salud, así como una multitud de derechos adicionales, depende de que vivamos en un medio ambiente saludable y sostenible. La comunidad internacional reconoció esta conexión desde su primera conferencia ambiental, celebrada en Estocolmo en 1972, la cual proclamó que el ambiente natural es “esencial” para el disfrute de los derechos humanos básicos, incluido el derecho a la vida misma.

El ejercicio de los derechos humanos ayuda a proteger el medio ambiente, lo cual a su vez permite el disfrute pleno de los derechos humanos. En años recientes, ha quedado igualmente claro que lo contrario también es cierto: el ejercicio de los derechos humanos es necesario, o al menos sumamente importante, para el disfrute de un medio ambiente saludable. Cuando las personas que podrían verse afectadas por las actividades y políticas propuestas pueden participar libremente en el proceso de toma de decisiones en materia ambiental, sus sociedades tienen muchas más probabilidades de contar con protecciones ambientales fuertes. De esta manera, los derechos humanos y la protección ambiental pueden formar un círculo virtuoso: el ejercicio de los derechos humanos ayuda a proteger el medio ambiente, lo cual a su vez permite el disfrute pleno de los derechos humanos.