Para Ana Pinto, trabajadora agrícola de Andalucía, en el sur de España, el punto de inflexión se dio cuando desafió las estrictas reglas de vestimenta de la empresa donde trabajaba. “Nos prohibieron llevar camisetas de tirantes y pantalón corto trabajando en un invernadero a 50ºC”, dice.
“Yo me lo seguí poniendo y un día el manijero me dijo que o me cambiaba o me echaba. Le dije que me despidiera. Mis compañeras nos oyeron discutir y se plantaron todas por mí. Dijeron ‘si Ana no trabaja, nosotras tampoco’”, relata.