“Venimos para recuperar la tierra,” dijo Vicente Montanía, “Allá la vida es mucho mejor. Teníamos el monte, teníamos carne natural, pescado. Teníamos todo allá.” El joven líder indígena estaba sentado a la sombra de una de las más de veinte carpas improvisadas, hechas de lona y cuerda, esparcidas por la Plaza de Armas de Asunción, capital de Paraguay.
La escena que le rodeaba—fogatas, niños descalzos jugando sobre las baldosas—se había visto constantemente en esta parte de la ciudad, desde que aproximadamente 290 miembros de la comunidad Tacuara'i, pertenecientes a la etnia Ava Guaraní Chiripá, habían llegado a acampar en la plaza hacía seis meses. Habían emprendido el viaje de 400 kilómetros a la capital después de sufrir un violento desalojo de lo que dicen es su territorio ancestral en el este del país en octubre del 2018. Habían llegado a Asunción con la esperanza de que las autoridades les devolvieran sus tierras.
Tacuara'i—una comunidad sin hogar
“Allí murió mi abuela. También mi mamá. Y allí yo nací.”