
Durante las últimas dos décadas Honduras ha sufrido un significativo incremento en la cantidad de personas afiliadas a las maras y pandillas, así como en la actividad delictiva y la violencia que se deriva de estas. El repunte en la violencia ha sido un tema de particular relevancia e interés en el país. En 2014, Honduras fue catalogado como el país más violento del mundo de los países sin conflicto de guerra.
Aunque debido a los niveles de impunidad y falta de datos resulta difícil evaluar la cantidad de asesinatos en efecto vinculados directamente con la problemática de las maras y pandillas, queda claro que el uso de la violencia por parte de las maras y pandillas —en contra de los rivales, de los civiles, de los miembros de las fuerzas de seguridad y de los supuestos trasgresores dentro de sus propias filas— ha contribuido inmensamente al incremento de dichas cifras.