“Generalmente, soy una persona muy tranquila, pero acá es desesperante; parece que cualquier cosa reacciono. La necesidad es mucha. Gracias a Dios, en mi grupo me tocó gente muy buena”. Sara Gaona relata mientras la lluvia golpea ruidosamente el techo de chapa de su casa improvisada. Se nota que está cansada, pero, de todas formas, se ríe con frecuencia mientras habla y consuela a su hija, quien está sentada en su regazo.
Desde principios de abril, Gaona vive con su esposo y sus tres pequeños hijos en la Plaza Japón, una plaza pública en un barrio de clase media de Asunción, la capital de Paraguay. No están solos: “Hay 55 familias, como nosotros, en la plaza y 50 familias afuera en la vereda; 105 en total”. Han levantado refugios temporales usando los materiales disponibles—principalmente terciadas, lona y chapas—transformando la plaza en un laberinto de pasillos angostos y fangosos.
La aparición de este asentamiento precario es resultado de la crecida implacable del río Paraguay. Lluvias fuertes, que empezaron en marzo, han aumentado el nivel del río—en las orillas del cual se encuentra la ciudad de Asunción—y provocado que sus aguas inunden los barrios pobres que se conocen colectivamente como los Bañados.