Fue después de la Primera Guerra Mundial que el movimiento socialista internacional repudió el colonialismo europeo y convirtió al "imperialismo" en el enemigo número uno de la izquierda mundial. Sin embargo, cuando los socialistas alcanzaron el poder por primera vez en Europa y se vieron obligados a gobernar las economías capitalistas, fueron incapaces de aplicar las consecuencias de su propia teoría del imperialismo al plano concreto de la política pública.
Y cuando les tocó comandar la política económica, como en el caso de Rudolf Hilferding, entre otros, siguieron la receta victoriana clásica de “sound money and free markets” – incluso hasta mucho después de la Segunda Guerra Mundial, cuando, ya en la década de 60 y 70, se adhirieron a las ideas, propuestas y políticas keynesianas. Pero en la década de 1980, estos mismos partidos abrazaron el programa ortodoxo de austeridad fiscal y reformas liberales que condujeron al desmantelamiento parcial del Estado del bienestar.
Ese mismo problema reapareció de manera más dramática cuando les tocó a socialistas y fuerzas de izquierda gobernar países "periféricos" o "subdesarrollados". También en estos casos, los teóricos del imperialismo y la dependencia tuvieron dificultades para decidir cuál sería el modelo "ideal" de política económica para las condiciones específicas de un país situado "abajo" en la jerarquía mundial del poder y la riqueza.