El presidente de Ecuador Lenín Moreno decidió acabar con el asilo a Julian Assange, garantizado por su predecesor Rafael Correa. Esta decisión, difícil y controvertida, empieza a desbloquear el futuro de una incierta espera de 7 años que se ha convertido en una odisea para el fundador de Wikileaks, y en una causa de movilización en todo el mundo.
Más allá de un espectáculo orquestado por medios y gobiernos para desprestigiar a un Assange ya muy debilitado, el debate real debe girar entorno a la libertad de expresión y los límites de la democracia.
La lucha original de Julian Assange como activista por la libertad de expresión a través de su proyecto Wikileaks ha acabado convirtiéndose en un complicado pleito judicial que involucra los gobiernos de Estados Unidos, Suecia y Ecuador. Lo que era un proyecto brillante que debatía sobre el periodismo y la democratización de la información, se ha convertido en una causa judicial de múltiples aristas.