
El candidato presidencial Donald Trump y el candidato a la vicepresidencia, Mike Pence, durante la Convención Nacional Republicana en Cleveland, jueves, 21 de julio de 2016. Foto AP/Mark J. Terrill.
Tanto los votantes norteamericanos como los historiadores necesitarán ir más allá de los escándalos de la Convención Nacional Republicana (la RNC, en sus siglas en inglés) que ha tenido lugar en Cleveland, de la historia de los plagios de Melania Trump y del momento en que abuchearon al senador Ted Cruz. Desde la perspectiva de un historiador, dos temas relacionados entre sí estuvieron presentes de manera muy destacada en la RNC: la política del miedo, movilizada por la mayoría étnica (la llamada “mayoría silenciosa”, que se supone que es pro-Republicana), y la fantasía de meter a Hillary Clinton en la cárcel. Ideas radicales, como la de la deportación masiva de inmigrantes hispanos o la prohibición de entrada al país a los musulmanes, protagonizaron la Convención, junto a la igualmente radical promesa de encarcelar a la candidata Demócrata.
Estas ideas, no sólo señalan un desprecio populista a la separación de poderes, sino que también representan la genealogía fascista del populismo que tan bien representa Donald Trump. La promesa de llevar a cabo medidas represivas contra las minorías y contra los rivales políticos sitúa al movimiento de Trump en el lugar al que pertenece: la historia de cómo el fascismo se convirtió en populismo. Este cambio resultó en una forma autoritaria de democracia, que combina procesos electorales con temas y prácticas mas típicas del fascismo.