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La crisis en Venezuela, ¿es negociable?

La tormenta todavía puede evitarse. Hay aún una pequeña ventana de oportunidad para resolver la crisis venezolana por medios políticos y negociados. El tiempo es el factor clave. English Português

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Manifestantes en una marcha contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, en Caracas el 19 de abril de 2017. NurPhoto / SIPA U
Manifestantes en una marcha contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, en Caracas el 19 de abril de 2017. NurPhoto / SIPA U

Manifestantes en una marcha contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, en Caracas el 19 de abril de 2017. NurPhoto / SIPA USA / PA Images. Todos los derechos reservados.

Sin lugar a dudas, Venezuela se enfrenta hoy a la crisis más dolorosa y de mayor alcance de las Américas. La degradación de la situación actual sería catastrófica para todos los venezolanos y podría tener efectos nefastos para América Latina (especialmente Colombia), el Caribe (Cuba en particular) e incluso Estados Unidos (por ejemplo, en términos de refugiados y de suministro de petróleo). En estos momentos, la comunidad internacional sabe cuánto se ha deteriorado la economía, cuán profunda e intensa es la polarización política y cuán ineficaces han sido las contribuciones puntuales desde el exterior. Básicamente, el país se encuentra atrapado en una situación inestable y de signo negativo. La mayoría de los indicadores socioeconómicos son desfavorables y el estado de agitación social y la erosión institucional son generalizados; sin embargo, las fuerzas políticas parecen estar igualadas, con lo que la confrontación queda de momento en tablas, y no hay división en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Esta situación peculiar podría allanar el camino hacia una solución negociada. Es crucial evitar una implosión nacional y la consiguiente pesadilla regional. Es preferible la precariedad al desorden, porque la precariedad puede resolverse y el desorden puede acabar en caos.

Empecemos por el final y retrocedamos: a principios de 2018 deben celebrarse elecciones generales, un candidato de la oposición las ganará y el chavismo tendrá que aceptar el resultado. Tres acuerdos subyacentes son cruciales: la idea de que cualquier persona pueda perpetuarse en el poder es inaceptable, ahora y en el futuro; el gobierno entrante debe evitar las represalias políticas y la persecución de los integrantes del gobierno saliente de Nicolás Maduro; y el chavismo debe actuar dentro del sistema como un partido de izquierda normal y no como una fuerza política anti-sistémica y proclive a la violencia.