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La democracia como mentira

En América Latina, las instituciones democráticas fueron capaces de renacer de las cenizas de las dictaduras militares siempre y cuando estas instituciones hubiesen existido anteriormente. Pero allí donde históricamente eran débiles, o prácticamente inexistentes, fue difícil reinventarlas. English

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Flickr. Some rights reserved.Después de padecer largas dictaduras militares a lo largo del siglo XX en América Latina, y apartadas las polarizaciones ideológicas que llevaron a conflictos armados en no pocos países, la recuperación, o edificación, del estado de derecho pareció ser la meta a conseguir como salvaguarda de un futuro en que democracia y desarrollo pudieran caminar de manera integral y paralela.

Bien podría decirse que la aspiración de finales del siglo XX fue hacer que la realidad política respondiera a la letra de las constituciones, un ajuste en el que habíamos fracasado desde los días de la independencia. Ni más ni menos, regresar al siglo XIX para poder tener siglo XXI, recuperando el cúmulo de ideas que habían fundado las repúblicas liberales.

Las democracias empezaron a funcionar basadas en el regreso al fundamental derecho de elegir, y a partir de allí fue necesario probar la eficacia de las instituciones, como salvaguarda para evitar el temido regreso a la concentración viciosa de poder y al arbitrio de una sola persona mandando por encima de las leyes. Esta había sido la persistente realidad impuesta desde el siglo XIX, que acabó con el sueño benéfico de la majestad de las constituciones y el imperio de las leyes, algo que a los caudillos siempre les pareció una tontería infantil.