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La evaluación en los derechos humanos, ¿para quién es realmente?

En la comunidad de derechos humanos deberíamos adoptar las evaluaciones, no para nuestros donantes sino para nuestros beneficiarios. Una contribución al debate de openGlobalRights sobre la evaluación y los derechos humanos. English

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Aunque las evaluaciones suelen emprenderse a solicitud de los donantes o como parte de propuestas impulsadas por los donantes, ¿es esa la única razón para llevarlas a cabo? Como señalan Emma Naughton y Kevin Kelpin, si bien puede ser que a los donantes les importen los resultados cuantificables, evaluar el trayecto es igual de importante, si no es que más, para los que realizan el trabajo. Y en última instancia, ¿no se está realizando ese trabajo realmente para los beneficiarios, y no para los donantes?

Los beneficiarios (o en un nivel más amplio, las comunidades a las que afecta nuestro trabajo o sus representantes) tienen derecho a saber lo que intentamos hacer en su nombre y si marcamos una diferencia. En caso afirmativo, ¿qué la provocó? Y si no (o aún no), ¿por qué no? ¿Debimos adoptar un enfoque diferente? Es claro que los beneficiarios tienen menos poder que los donantes, lo que crea la sensación de que toda la presión para hacer evaluaciones proviene de estos últimos; al final, las evaluaciones de proyectos no siempre involucran a los beneficiarios ni se comparten con ellos. Pero ¿qué pasa cuando tenemos todo un proceso de evaluación y toma de decisiones que no incluye a las personas a las que intentamos ayudar?

¿Qué pasa cuando tenemos todo un proceso de evaluación y toma de decisiones que no incluye a las personas a las que intentamos ayudar? Un segundo público importante está conformado por los activistas, el personal, los integrantes de las mesas directivas, los miembros, los voluntarios, nuestros compañeros y colegas, y la comunidad de derechos humanos en general. También queremos saber si marcamos una diferencia real. Queremos saber qué métodos funcionan, en qué circunstancias y por qué. Necesitamos esta información para intervenir con eficacia en el futuro y para saber que todos los riesgos valieron la pena. Las evaluaciones pueden parecerles riesgosas a las personas que trabajan en el campo de los derechos humanos, porque estos procesos cuestionan si hicimos las cosas correctas de la manera correcta. A veces esto puede desmoralizar al personal que trabajó arduamente sobre el terreno y que puede, en ocasiones, perder de vista el panorama completo.