Leonel Linares es un cubano gay que a lo largo de su vida ha asistido a muchas misas y otras liturgias, pero nunca se sintió a gusto ni reconocido. Cuatro años atrás un amigo le habló de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) en la ciudad de Matanzas, unos 100 kilómetros al este de La Habana.
Hoy, Leonel es diácono de la ICM, filial cubana de la Metropolitan Community Church (MCC), una confesión protestante internacional que acoge abiertamente a personas LGBTIQ y les proporciona un espacio para practicar su fe y expresar sus identidades.
Fundada en California en 1968, la MCC plantea una interpretación liberal del cristianismo, basada en el respeto, el amor y la justicia. Alienta a sus integrantes a impulsar sus objetivos mediante el activismo social y una inclusión radical. En Cuba, la IMC no solo da la bienvenida a la comunidad LGBTIQ, sino a personas que profesan religiones afrocubanas, desaprobadas en la mayoría de las iglesias de este país.