Ya afecta a casi la mitad del planeta. En pocas semanas, la Covid-19 se ha transformado en pandemia, forzando parálisis y confinamientos antes impensables. Desde entonces, han dado comienzo una serie de debates sobre los posibles paradigmas de una nueva normalidad y sobre la urgencia de "otra" globalización.
En la mayoría de los casos hablamos de retóricas reformistas que utilizan reflexiones maduradas ya hace décadas en los circuitos intelectuales contra-hegemónicos; en otros, de preguntas sobre la regulación de las nuevas tecnologías y de su papel en un nuevo contrato social, que dejan una brecha de incertidumbre: ¿estamos camino a un mundo más solidario o más autoritario?
Los primeros estudios avalados por la comunidad científica, nos permiten afirmar que la humanidad ha tenido suerte. La pandemia se debe a un virus mucho más temido por su capacidad de propagación que por su letalidad. Si tantos de nosotros permanecemos en cuarentena no es sino para evitar el contagio simultáneo de toda la población, para mantener la máxima normalidad en los sistemas de salud de modo que puedan atender tanto los casos más graves de Covid-19 como las demandas rutinarias. Ningún gobierno condiciona el programa de restablecimiento del cotidiano a la fabricación de una vacuna.