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La presión internacional sobre los derechos humanos en Estados Unidos importa ahora más que nunca

La política nacional es importante, pero en los Estados Unidos, las leyes internacionales de derechos humanos ahora son más necesarias que nunca. English, Français

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Esta es una época llena de peligros. Nunca ha sido tan importante que los defensores y los académicos de derechos humanos nacionales e internacionales colaboren. Los éxitos de promoción de los derechos humanos anteriores deben guiar esta colaboración, con base en nuestros mejores conocimientos de historia y ciencias sociales. Comparto la sensación de urgencia de Stephen Hopgood, pero no estoy de acuerdo con su recomendación de enfocarnos únicamente en la política nacional y abandonar las normas y las leyes internacionales de derechos humanos.

Necesitaremos movimientos nacionales todavía más fuertes para proteger a las poblaciones vulnerables del odio y la discriminación y para movilizar a los grupos perjudicados por la globalización. Los movimientos nacionales, como siempre, deben plantear su trabajo de maneras que hagan eco desde el punto de vista político. Pero los derechos humanos seguirán siendo un lenguaje importante para movilizar públicos nacionales e internacionales. La elección estadounidense no reveló un cambio tectónico en el electorado. Clinton ganó el voto popular y Trump recibió menos votos de los que obtuvo Romney en 2012. Esto tiene que ver menos con una realineación importante de la política estadounidense y más con el colegio electoral, la participación de los votantes y la influencia de terceros. El sexismo y la xenofobia, nada nuevo en la política de Estados Unidos, también contribuyeron. Todas estas cuestiones son importantes, pero no suficientes como para concluir que de pronto debamos abandonar los derechos humanos.

Los derechos humanos seguirán siendo un lenguaje importante para movilizar públicos nacionales e internacionales. Durante largo tiempo, los oprimidos han utilizado las ideas de los derechos humanos para librar sus batallas, mientras que las élites, y a menudo las élites estadounidenses, se abstuvieron de intervenir o exacerbaron el problema. Como muestra Steven Jensen en su nuevo e importante libro The Making of International Human Rights (La creación de los derechos humanos internacionales), los Estados recién descolonizados impulsaron la agenda de los derechos humanos, mientras que los EE. UU. estaban inmersos en la discriminación racial. El gobierno estadounidense, presionado por los segregacionistas del sur, obstaculizó la institucionalización del derecho internacional de los derechos humanos, ya que temía que pudiera utilizarse para poner fin a las leyes de Jim Crow. Los países recién descolonizados no tardaron en redactar la Convención contra la Discriminación Racial (CERD), con lo que se estableció un órgano de derechos humanos creado en virtud de tratados y un mecanismo de petición individual. Una vez que se incluyeron en la CERD, estas disposiciones de aplicación se aceptaron en todos los tratados de derechos humanos posteriores. Pero lo más importante es que los poderosos movimientos sociales a nivel nacional, respaldados por las presiones internacionales de muchos países del Sur Global, impulsaron el movimiento de derechos civiles en los EE. UU. En el contexto de la Guerra Fría, las políticas de discriminación racial de los Estados Unidos pusieron al país en desventaja en la guerra por las mentes y los corazones de las personas, algo que la URSS explotó. Estas presiones internacionales animaron al gobierno estadounidense a intervenir en asuntos que antes se percibían como parte de la jurisdicción de los estados, lo que llevó a eliminar la segregación en el transporte, la educación y la ciudadanía. Por lo tanto, es necesario entender cómo los movimientos sociales fuertes a nivel nacional se pueden beneficiar del apoyo de las redes transnacionales y las instituciones internacionales.