
Ned Stark. Game of Thrones. Fotografia: lalineadefuego. Todos los derechos reservados.
La segunda vuelta de las elecciones en el Ecuador, el 2 de abril, ha traído a mi memoria una escena fundamental en la trama de la conocida serie Juego de Tronos. No es una idea original mía, sino del politólogo Héctor Meleiro – en Ganar o morir: Lecciones políticas en Juego de Tronos (2014) -, a la que me permito llamar “la parábola de Ned Stark”. Ned es el cabeza de familia de una ilustre Casa que habita un mundo imaginario. Dicha Casa está sometida al Rey de los Siete Reinos, llamado Robert Baratheon. Además de vasallo, Ned es íntimo amigo de Robert. Por ello, y porque Ned es puro, noble, justo y honesto, es llamado a Desembarco del Rey, la capital de los Siete Reinos, para ser nombrado Mano del Rey, es decir, máximo consejero de la Corte.
La primera decisión que tiene que tomar Ned es tan difícil como la que enfrentan los ecuatorianos el próximo 2 de abril: debe de elegir entre matar a una rival, Daenerys Targarien, o dejarla con vida. Los argumentos para asumir cada postura eran los siguientes: Daenerys pretendía formar un ejército poderoso para tomar Desembarco del Rey y restituir su linaje real, pues en el pasado sus ancestros habían dominado aquella tierra; por ello, debía de morir ahora que se daban las condiciones. No obstante, Daenerys en aquel momento era una mujer indefensa, confinada al otro lado del Mar Angosto, una frontera natural difícil de franquear; era mucho más probable que no consiguiese su objetivo, por lo que matarla era una pérdida de tiempo y recursos.