El brote de la pandemia de la Covid-19 ha desencadenado múltiples cierres de fronteras en todo el mundo: todos los países han restablecido una serie de restricciones a la movilidad, que incluyen el cierre de aeropuertos, puertos y fronteras terrestres.
En el lapso de dos semanas, el espacio Schengen ha implosionado de facto, ya que los estados miembros de la UE han suspendido la libre movilidad indefinidamente, y nadie sabe cómo se reconfigurará cuando la crisis del coronavirus haya terminado. Junto con el cierre de las fronteras de los estados, la pandemia ha multiplicado las fronteras raciales y socioeconómicas.
En efecto, aunque los periodistas y los políticos insisten en que el virus no discrimina entre las personas, está lejos de no tener fronteras. De hecho, la posibilidad de recibir un tratamiento adecuado en los hospitales, de acceder a la atención médica y de obtener un espacio seguro para permanecer y aislarse varía enormemente según factores jurídicos, económicos y sociales.