La propuesta de James Hathaway para solucionar la crisis mundial de refugiados es tan audaz como idealista, pero ¿es realizable en el mundo en el que vivimos? Su solución parece basarse en la creación de una forma “vinculante” de “compartir de manera equitativa” la distribución de cargas y responsabilidades a los Estados a los que aún no han entrado los refugiados. Dicha obligación vinculante, entonces, no sería administrada como un ejercicio de autoridad estatal, sino más bien a través de “una ACNUR revitalizada” con la autoridad para “administrar las cuotas”. En resumen, parece que esta propuesta aboga por que la ACNUR tenga la función de establecer cuotas que obliguen a los Estados a admitir refugiados de los países de primer asilo, según su capacidad de recibirlos, procesarlos e integrarlos.
Si Europa puede considerarse como un proyecto piloto regional para un esquema mundial de este tipo, los resultados no son prometedores. Mediante el uso de su sistema de voto de mayoría calificada para obligar a los Estados miembros recalcitrantes, la UE no ha sido capaz, en su mayor parte, de convencer a sus miembros de que participen en la reubicación de solicitantes de asilo de los países de primera llegada a otros Estados miembros de la UE de acuerdo con su capacidad de recibirlos y procesar sus solicitudes. Al momento en que se redacta este artículo, más de cuatro meses después de que se anunció el plan, el esquema de reubicación de la UE ha reubicado a menos de 500 de los 160,000 refugiados que se tenía previsto transferir. Por lo tanto, es difícil imaginar a los países de todo el mundo apoyando el esquema más ambicioso que propone Hathaway, o comprometiéndose voluntariamente a asumir responsabilidades hacia refugiados que aún no llegan a sus territorios. La patética respuesta a las repetidas advertencias de la ACNUR sobre la necesidad de contar con más lugares para el reasentamiento de los refugiados es igualmente desalentadora; aunque la esperanza sigue viva mientras los defensores esperan la conferencia de donantes “Resettlement Plus” que se celebrará el 30 de marzo.
Las actitudes cada vez más restrictivas que vemos en Europa no son un buen augurio para una expansión de la autoridad de la ONU para decirles a los países que deben aceptar más refugiados.Mi instinto como defensor de los derechos de los refugiados es promover el modelo de Hathaway como una manera de distribuir las responsabilidades de manera equitativa entre los Estados, de acuerdo con su capacidad de proteger e integrar a los refugiados en vez de la casualidad de su ubicación geográfica. No cabe duda de que su modelo, de aplicarse, mejoraría el disfrute del derecho humano a solicitar y obtener asilo de la persecución en otros países. Esto les garantizaría a los países que mantienen sus fronteras abiertas a los solicitantes de asilo que la presencia de refugiados no los sobrecargaría más allá de su capacidad de absorción. Sin embargo, las actitudes cada vez más restrictivas y de egoísmo nacional que vemos en Europa no son un buen augurio para una expansión de la autoridad de la ONU para decirles a los países que deben aceptar más refugiados.