El presidente brasileño Jair Bolsonaro inauguró el debate general del 74 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU el 23 de septiembre con una agresiva y desordenada diatriba contra las numerosas “amenazas” que enfrentaba su país: el comunismo, las ONG y, por supuesto, los medios de comunicación internacionales.
Los incendios que arden en la Amazonía han captado gran parte de la atención mundial en las últimas semanas, pero no es la única batalla que mantiene ocupado al Gobierno de Bolsonaro, el cual parece considerar a los derechos humanos una incómoda carga, en lugar de garantías fundamentales que deben protegerse.
Muchas organizaciones que defienden estos derechos —ecologistas, activistas afrobrasileños, feministas, la comunidad LGBTI— han sido blanco del franco y directo presidente brasileño y de sus partidarios, y la prensa no es una excepción.