Las organizaciones de derechos humanos suelen sentirse incómodas con la idea de la gestión basada en los resultados (GBR), una estrategia de administración que trata de identificar los objetivos y resultados esperados durante las distintas etapas de un proyecto. La GBR ayuda a las organizaciones a identificar los procesos y servicios para mostrar cómo contribuyen a los resultados, pero es algo que rara vez se implementa con eficacia en el mundo de los derechos humanos. Como me comentó recientemente un alto directivo de una organización internacional de derechos: “Me hablan sobre desempeño, evaluaciones y gestión basada en los resultados, pero estas palabras no significan nada para mí”.
En efecto, ese es el meollo del asunto: muchos profesionales de derechos humanos ni siquiera saben qué es la GBR o por qué deberían usarla. Una buena parte de las organizaciones de derechos humanos está integrada por juristas y otros tipos de profesionales jurídicos, quienes, si bien suelen hacer un gran trabajo litigando y realizando análisis legales, no se sienten tan cómodos cuando se les pide evaluar metódicamente el desempeño. Sin la capacitación y la orientación adecuadas, de las que carecen la mayoría de ellos, no saben qué hacer cuando se les pide diseñar estrategias de gestión orientadas hacia resultados específicos.
Aunque la GBR requiere esfuerzo y habilidades nuevas, no tiene por qué ser una carga. Y cuando se hace bien, puede ayudar a que los profesionales de derechos humanos hagan un mejor trabajo.