Durante la última década, la retórica populista y nacionalista se ha extendido por la sociedad israelí, junto con la legislación y las políticas de línea dura. Los principales objetivos incluyen las minorías de Israel como sus ciudadanos árabes-palestinos, los migrantes y los solicitantes de asilo; la población palestina más allá de la Línea Verde, y sus dirigentes; y las personas y los valores asociados con la “izquierda” política, incluida la comunidad de derechos humanos israelí.
Cuando las bombas dejaron de caer en Gaza en el invierno de 2009, comenzó otro tipo de ataque. El rencor contra las organizaciones israelíes para la defensa de los derechos de los palestinos bajo la ocupación adquirió un nuevo carácter de furia.
Los sondeos han mostrado que estas organizaciones cuentan con niveles de apoyo significativamente bajos, incluso entre los subgrupos que tradicionalmente tienen una actitud favorable. Acompañada de activistas preocupados por la situación, emprendí un proceso estratégico de un año en 2011 para analizar si era conveniente relacionarnos de una manera distinta con la sociedad israelí y cómo hacerlo. Cuando hablé con los líderes israelíes de derechos humanos en 2015, la mayoría seguía batallando con la cuestión de cuál era la mejor manera de interactuar con su propia sociedad, si acaso debían hacerlo. Para muchos, los públicos más valiosos eran los formuladores de políticas, o los líderes de opinión, a nivel local e internacional.