Acostarse es un lujo para las personas privadas de libertad en los centros de detención preventiva y penales de Venezuela. El hacinamiento obliga a los reclusos a turnarse para dormir, incluso para caminar. Tomar el sol tampoco es una opción. Pero existe un problema que, junto con el hacinamiento, está mermando la salud de los detenidos: la desnutrición y tuberculosis.
El Observatorio de Prisiones ha denunciado los casos de reos que se han contagiado con tuberculosis dentro de las cárceles venezolanas, esto acompañado de un elevado índice de desnutrición que se ha acentuado durante la cuarentena por la pandemia del covid-19 y que coloca a los afectados en una situación de mayor vulnerabilidad ante cualquier enfermedad.
Desde el año 1999 murieron 7.270 privados de libertad en las cárceles venezolanas, según cifras del Observatorio de Prisiones. Durante el año 2020 han muerto 104 reclusos, de los cuales 66 fallecieron por desnutrición y tuberculosis.