26 de septiembre, estado de Guerrero, México, 2014. Un grupo de 80 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, de entre 15 y 25 años de edad, emprenden un viaje de no retorno a la Ciudad de México.
Llevaban los bolsillos vacíos pero iban llenos de la esperanza. Querían llegar a la marcha del 2 de octubre, que cada año conmemora a los más de 300 estudiantes asesinados por el ejército en Tlatelolco en 1968. Esa fue una masacre que, como muchos dijeron, cambió México para siempre. O por lo menos hasta que ocurrió la de Ayotzinapa.
Los estudiantes abordaron por la fuerza varios autobuses en Iguala, y pusieron rumbo a la Plaza de Tres Culturas de Tlatelolco, a donde nunca llegaron. Sus autobuses fueron interceptados por un confuso combinado de agentes federales, estatales y locales, miembros del ejército y narcotraficantes. Resultado: 3 asesinados y 43 desaparecidos. Aquí termina el consenso sobre lo que pasó.