En las últimas semanas, hemos sabido que el Papa emérito Benedicto XVI (92 años) iba a figurar como co-autor de un libro donde se defiende, con pasión conservadora y fervor religioso, la práctica del celibato dentro de la iglesia católica.
La doctrina ha venido afirmando que la vida familiar y la vida como sacerdote son incompatibles por naturaleza. La idea detrás del celibato es el concepto divino del amor, que sostiene que la dedicación a Dios combinada con el compromiso altruista de amar a todos igualmente, no debería crear nunca un espacio que permita que tengan lugar las relaciones sexuales.
Pero esta postura conservadora de Benedicto XVI (de nombre secular Joseph Ratzinger) choca con la del Sínodo por la Amazonía, convocado por el propio Vaticano, donde se abrió la puerta a la ordenación de hombres casados en esa parte del mundo.