Una versión de este artículo fue inicialmente publicada aquí en el Blog Global de Dejusticia.
Todos, en algún momento, hemos estado cerca al dolor de un ser querido: una abuela con cáncer en casa, un padre con esclerosis múltiple, un hermano con enfermedad crónica respiratoria. Usualmente reciben la medicación cada cuatro horas, y si el dolor se incrementa, pueden llamar a la enfermera y pedir más. En el mundo de los cuidados paliativos, no esperamos que nuestros seres queridos se mejoren, sino simplemente que mueran en paz, que sus últimos momentos sean libres de dolor. Pero, qué pasaría si la medicación para el dolor no fuera accesible en su país? O qué tal si los requerimientos legales o logísticos hicieran imposible adquirirlos? Qué tal si los doctores simplemente no prescribieran estos medicamentos en su país? Muchos argumentaríamos que el alivio del dolor no debería ser un lujo exclusivo de países desarrollados, pero la realidad de muchos países en desarrollo es que miles de personas mueren en medio del dolor innecesario.
La falta de acceso a medicinas para el tratamiento del dolor vulnera derechos fundamentales.El acceso a medicamentos para el alivio de los síntomas y el dolor es un componente esencial de los cuidados paliativos. Estos buscan mejorar la calidad de vida de los pacientes que enfrentan una enfermedad crónica o terminal, aliviando su dolor y otros problemas de tipo físico, psicosocial y espiritual. Lejos de ser una comodidad refinada de ciertos sistemas de salud, han sido reconocidos como una exigencia de derechos humanos. En varios documentos elaborados por los Relatores Especiales de Naciones Unidas contra la tortura y el derecho a la salud, enfatizaron que la falta de acceso a medicinas para el tratamiento del dolor vulnera derechos fundamentales a la salud, y a la protección en contra de tratos crueles, inhumanos y degradantes.