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Muerte en la frontera de Estados Unidos: de la reacción al compromiso

Una vez más, una fotografía irrumpe en el campo de visión colectivo. Es la imagen de un padre y una niña que murieron ahogados mientras intentaban cruzar el Río Grande. English

Muerte en la frontera de Estados Unidos: de la reacción al compromiso
04 de julio de 2019, México, Tijuana: un hombre y su hijo miran a través del muro fronterizo en la ciudad mexicana de Tijuana hacia la ciudad estadounidense de San Diego | Omar Martinez/DPA/PA Images. All Rights Reserved
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Los medios de comunicación consiguen que un impacto vaya rebotando de público en público a través de la difusión de pruebas de la realidad letal de los migrantes indocumentados, como si se tratase de algo nuevo. La imagen de Julia Le Duc, tomada a orillas del Río Grande, de un padre y una niña que murieron ahogados mientras intentaban cruzar desde México a Estados Unidos, ha circulado muchísimo en los últimos días como un recordatorio más de la barbarie que acosa a los sin papeles. Algunos opinan que la imagen es demasiado desgarradora y que cuesta mantener la mirada. Retrata, al fin y al cabo, una escena que es a la vez demasiado familiar y demasiado extraña. El padre, protegiéndola hasta el final, se ha atado al cuerpo a la hijita con su camiseta. En la muerte, el brazo de la niña reposa confiadamente alrededor del cuello del padre, como debió hacerlo tantas veces en vida cuando éste la llevaba en brazos. Sin embargo, tendidos ambos boca abajo, se convierten rápidamente en íconos, evocando todo un abanico de respuestas, desde tristeza y solidaridad hasta un sentimentalismo que tiene mucho de sórdido.

Se ha comparado la imagen de Le Duc con la de Aylan Kurdi, considerándola la versión estadounidense de los horrores vividos en el Mediterráneo a raíz del conflicto de Siria. La fotografía se inserta, de hecho, en una larga serie de imágenes de la desesperación de los migrantes, como aquella Madre migrante de Dorothea Lange, tomada en California cuando el desastre ecológico de los años 30 conocido como Dust Bowl, coincidiendo con la Gran Depresión. La tragedia de la indigencia se vuelve más elocuente cuando se colorea con la desesperación de unos padres que no pueden mantener a sus hijos. Al menos, las personas que aparecen en la imagen de Lange estaban vivas. No así la pequeña Valeria y su padre, procedentes de El Salvador. Al igual que Aylan Kurdi, o que el migrante desconocido de la galardonada imagen de Javier Bauluz de 2002, los sujetos de la fotografía de Le Duc vienen a añadirse al contingente de los que mueren en las fronteras.

No hay duda de que tanto la difusión de la fotografía de Le Duc como la respuesta de los medios se han centrado en provocar impacto. Ha habido un gran interés por saber la historia de esta familia, sus identidades, sueños y deseos. A pesar de que está ampliamente documentado que muchas de las políticas fronterizas actuales, especialmente la de Estados Unidos, lo que hacen es preparar el terreno para que se produzcan muertes innecesarias de migrantes en tránsito, los medios han actuado como si el público adoleciese de información y no tuviese conciencia de que tales horrores están sucediendo a diario. Sin lugar a dudas, la imagen capta la atención de quien la ve. Pero existe el riesgo de que las respuestas que no van más allá de suscitar impacto y conmoción actúen de hecho como aliadas de los contextos políticos que han llevado a la muerte los sujetos de la imagen, porque conforman los cimientos políticos de los estados de excepción y son esenciales para los procesos de segurización, violencia y control.