En los primeros días del brote de coronavirus se encontraron notas anónimas en los ascensores de los edificios residenciales de Brasil, ofreciendo ayuda y refugio a las mujeres confinadas en sus casas con sus agresores. Algunas de estas notas incluían advertencias dirigidas a los maltratadores. "¡No puedes esconderte detrás de la COVID-19! Estamos observándote y llamaremos a la policía”, decía uno de los mensajes.
En los barrios más desfavorecidos de Río de Janeiro, las activistas comunitarias también utilizan WhatsApp para difundir información sobre la evolución de la pandemia y las medidas de higiene necesarias para evitar el contagio. A través de mensajes de texto, notas de voz, memes pegadizos e infografías, comparten también consejos sobre cómo acceder a las ayudas económicas y qué hacer en caso de ser agredidas.
"Desde niñas aprendemos a ayudarnos unas a otras y a actuar con vocación comunitaria, entendiendo que la supervivencia de otra mujer es nuestra propia supervivencia", dice Aline Maia Nascimento, del Observatório de Favelas, la organización en Río de Janeiro que coordina estos mensajes de WhatsApp y que, gracias a sus muchos años de activismo, ha podido actuar con rapidez en respuesta a una pandemia para la que no estaban preparadas.