En abril de este año, el pueblo yanomami del estado de Roraima (Brasil) denunció que una niña de doce años había sido violada y asesinada por garimpeiros o mineros ilegales. La tía de la niña también había desaparecido y los mineros habían arrojado al río a un niño de tres años.
Cuando la policía federal acudió a la remota comunidad aracaçá de la niña, no encontró "ninguna prueba de la práctica de delitos de asesinato y violación o de muerte por ahogamiento", a pesar de que la aldea había sido quemada hasta los cimientos y veinticuatro personas aracaçá habían desaparecido, hechos que fueron ignorados en el informe policial.
Esto llevó a una campaña nacional de líderes indígenas, políticos y artistas, con el hashtag #Cadêosyanomami? (¿Dónde están los yanomami?). Pero esto no pudo hacer frente a una situación mucho peor, más general. Los informes sobre el crimen reconocen que éste no fue un caso aislado y mencionan a otros niños "violados hasta la muerte" o arrojados al río para morir.